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Chile se ha consolidado en los últimos años como uno de los ecosistemas fintech más dinámicos de América Latina. Pagos digitales, billeteras electrónicas, plataformas de inversión y soluciones de financiamiento para pequeñas y medianas empresas dejaron de ser alternativas marginales para convertirse en componentes estructurales de la transformación financiera del país.
La aceleración digital posterior a la pandemia modificó hábitos de consumo, elevó las expectativas de los usuarios y abrió espacio a nuevos actores en un sistema históricamente dominado por la banca tradicional.
En ese contexto emergen con fuerza las fintech, empresas que utilizan tecnología digital para ofrecer servicios financieros de forma más eficiente, accesible y centrada en el usuario. A través de aplicaciones móviles, plataformas en línea y uso intensivo de datos, desarrollan soluciones en pagos, transferencias, créditos, inversiones, seguros y gestión financiera, muchas veces con procesos 100% digitales, menores costos operativos y mayor velocidad de respuesta.
En Chile, su crecimiento ha estado estrechamente vinculado a la inclusión financiera y al aumento de la competencia en el sistema.
Las cifras confirman esa expansión. Para 2025, el gremio FinteChile estima que existen alrededor de 500 empresas fintech activas, mientras que el Fintech Radar Chile registró 348 compañías en 2024, con un crecimiento interanual cercano al 16%. Los segmentos más dinámicos son pagos digitales, servicios financieros para empresas y gestión de inversiones, áreas donde la adopción tecnológica ha sido más rápida y transversal.
Este proceso coincide con una nueva etapa para la industria: la implementación progresiva de la Ley Fintec (21.521) y el despliegue del Sistema de Finanzas Abiertas. El objetivo es ordenar el mercado, elevar los estándares de seguridad y protección al consumidor y promover una competencia más transparente. El desafío es claro: seguir creciendo sin perder confianza, en un escenario donde la innovación por sí sola ya no basta si no va acompañada de cumplimiento normativo y solidez operativa.
Desde comienzos de la década, la industria fintech en Chile ha mostrado un crecimiento sostenido tanto en número de actores como en diversidad de soluciones. La oferta se ha especializado progresivamente, transitando desde modelos básicos de pagos y transferencias hacia plataformas más complejas de financiamiento digital, inversión automatizada y gestión financiera empresarial. En paralelo, la masificación del comercio electrónico consolidó una base de usuarios cada vez más familiarizada con servicios financieros digitales.
Este avance responde también a condiciones estructurales del entorno económico. En un escenario de mayor restricción crediticia y exigencias bancarias más estrictas, muchas pymes chilenas han encontrado en las fintech una alternativa para acceder a capital de trabajo, ordenar su flujo de caja y operar con medios de pago digitales más eficientes. La innovación tecnológica comenzó así a conectarse directamente con necesidades concretas de la economía real.
La entrada en vigor de la Ley Fintec (21.521) marca un punto de inflexión para el ecosistema fintech chileno. Por primera vez, el país cuenta con un marco legal específico para los prestadores de servicios financieros tecnológicos, otorgando a la Comisión para el Mercado Financiero (CMF) facultades de supervisión y fiscalización.
Uno de los pilares de este nuevo marco es el Sistema de Finanzas Abiertas (open finance), que permitirá a los usuarios compartir su información financiera —con consentimiento— entre distintos proveedores.
El modelo abre oportunidades para una mayor competencia y mejores condiciones de acceso al crédito, pero al mismo tiempo eleva las exigencias en protección de datos personales y ciberseguridad, factores clave para la confianza del sistema.
Esa visión comienza también a reflejarse en el debate político. Para el senador Kenneth Pugh Olavarría, uno de los parlamentarios más activos en materias de transformación digital y ciberseguridad, “la transformación digital exige que la regulación se modernice y que las instituciones públicas y privadas trabajen juntas para generar confianza y seguridad en los procesos tecnológicos”.
Desde la industria, el foco está puesto en cómo integrar regulación y desarrollo tecnológico. En ese sentido, Ximena Rojas, vicepresidenta legal de Khipu, sostuvo durante el Khipu Demo Day 2025 que “cumplir la normativa no es solo evitar sanciones, es construir confianza”, una idea que resume el giro cultural que vive parte del ecosistema: la regulación deja de percibirse como un freno y pasa a ser una condición para escalar de manera sostenible.
El ecosistema fintech chileno combina empresas locales con proyección regional y actores que han logrado escalar sus modelos más allá del mercado doméstico. Si bien el universo es amplio y diverso, un grupo acotado de compañías concentra liderazgo, visibilidad e impacto real en áreas clave como pagos digitales, inversión, crédito y servicios financieros para empresas.
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Uno de los efectos más relevantes del crecimiento fintech en Chile se observa en su impacto directo sobre pymes y emprendedores, actores que históricamente enfrentaron mayores barreras de acceso al sistema financiero. A través de soluciones digitales de financiamiento, pagos y gestión financiera, las fintech ampliaron las alternativas disponibles para empresas de menor tamaño, reduciendo tiempos de respuesta, costos operativos y dependencia exclusiva de la banca tradicional.
Esta visión es compartida por ejecutivos vinculados al ecosistema financiero–tecnológico. Francisco Meneses, CFO de Defontana Corp., ha señala que “impulsar el emprendimiento, la innovación y la igualdad de oportunidades en el acceso al financiamiento es clave para el desarrollo de las pymes”, subrayando el rol que cumplen las plataformas digitales en nivelar el acceso a herramientas financieras.
En un contexto de mayor restricción crediticia, soluciones como el financiamiento digital para pymes, el factoring online y el control de flujo de caja se han convertido en herramientas clave para sostener la operación y el crecimiento de miles de negocios.
La posibilidad de centralizar información financiera en tiempo real ha permitido a muchos emprendedores mejorar productividad y toma de decisiones, fortaleciendo su resiliencia económica.
Desde el gremio, Josefina Movillo, directora ejecutiva de FinteChile, destaca que el ecosistema fintech permite ofrecer servicios “más accesibles, fáciles de usar y centrados en las personas, sin descuidar la seguridad ni la estabilidad financiera”, reforzando la dimensión social y productiva del sector.
El desarrollo del ecosistema fintech ha ampliado el acceso a servicios financieros y ha intensificado la competencia en el sistema financiero chileno, obligando a bancos e instituciones tradicionales a acelerar su transformación digital. La experiencia de usuario, la rapidez en los procesos y la eficiencia operativa se transformaron en estándares mínimos del mercado.
Al mismo tiempo, el crecimiento acelerado expuso tensiones relevantes. El aumento del intercambio de información financiera elevó los riesgos asociados a ciberseguridad y protección de datos, convirtiéndolos en una prioridad estratégica. A ello se suma el desafío de construir modelos de negocio sostenibles y rentables en un entorno más regulado y competitivo.
El ecosistema fintech chileno ya dejó atrás su etapa fundacional. El debate no es si estas empresas pueden competir con la banca tradicional, sino qué tan profundas serán las transformaciones que logren introducir en el sistema financiero. La Ley Fintec y el avance del open finance confirman que el escenario cambió: hoy la innovación debe demostrar capacidad de operar con reglas claras, seguridad y sostenibilidad.
En ese nuevo contexto, no todas las fintech sobrevivirán. Algunas consolidarán su posición, otras serán absorbidas y varias quedarán en el camino. Para Chile, el desafío es decidir si la regulación será solo un marco de control o una palanca para acelerar competencia, inclusión y productividad. De esa definición dependerá si las fintech se consolidan como un actor estructural del desarrollo económico o si su impacto queda limitado a una promesa parcialmente cumplida.