
El ecosistema financiero chileno se prepara para un hito regulatorio y tecnológico. Shinkansen, la fintech que busca convertirse en la primera cámara de pagos de bajo valor de origen no bancario, recibió recientemente la autorización de existencia por parte de la Comisión para el Mercado Financiero (CMF) y el visto bueno de su reglamento operativo por el Banco Central. Con esto, la entidad proyecta iniciar sus funciones de compensación a finales de 2026.
En conversación con el programa "El fin del dinero", Diana Palacios detalló que, aunque Chile fue pionero en 2008 con las transferencias en línea, el sistema actual ha perdido el ritmo de la innovación regional. "En 2008 éramos un ejemplo mundial, ahora nos quedamos atrás", afirmó la ejecutiva, mencionando ejemplos como PIX en Brasil o Yape en Perú, donde los pagos se realizan de forma instantánea mediante códigos QR o "alias" simples.
Uno de los mayores cambios que Shinkansen busca introducir es la eliminación de la fricción al transferir. Actualmente, enviar dinero en Chile requiere conocer el banco, el tipo de cuenta y el número de la misma. La nueva cámara apuesta por la implementación de alias.
"Nuestra cámara va a tener alias. Cuando nos transfiramos, me va a bastar saber tu número de teléfono, tu RUT o una palabra random que tú elijas", explicó Palacios, señalando que esta innovación no ha "pegado" en el mercado local porque los actores tradicionales no han tenido los incentivos suficientes para masificarla.
Shinkansen nace desde el mundo fintech, fundada por Leo Soto, Francisco Larraín y Ubaldo Taladriz, con el objetivo de ser un puente neutral.
La cámara actuará como un "intermediario invisible" que suma y resta las transacciones entre instituciones para determinar quién le debe a quién al final del día, reduciendo riesgos operativos y permitiendo que nuevos actores, como las fintech de prepago y cooperativas, compitan en igualdad de condiciones.
"La tecnología y la seguridad no pueden ser usadas como excusas técnicas para inmovilizar la apertura financiera", es parte de la filosofía que impulsa este proyecto, que busca asegurar que la Ley Fintech no sea solo una norma de papel, sino una realidad que traduzca mayor agilidad y menores costos para el usuario final.