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Tarjetas vs. pagos en tiempo real es la pregunta equivocada
April 29, 2026
Por
FinteChile

Por Mauricio Fernández, director en pagos en tiempo real en América Latina, ACI Worldwide.

Durante años, la industria de pagos ha planteado el debate como una competencia entre métodos: tarjetas versus pagos en tiempo real. Pero esa no es la discusión correcta.

Las tarjetas continúan creciendo a un ritmo que habría parecido improbable hace apenas unos años. Se proyecta que las transacciones globales con tarjeta alcancen los 1.1 billones anuales para 2029, según The Nilson Report. Al mismo tiempo, los pagos en tiempo real no solo no han desplazado a las tarjetas, sino que han escalado junto a ellas.

En Estados Unidos, la red RTP de The Clearing House procesó 343 millones de transacciones por un valor de 246 mil millones de dólares en 2024. A nivel global, los pagos en tiempo real alcanzaron 266.2 mil millones de transacciones en 2023, y se espera que ese volumen se duplique antes de 2028, de acuerdo con el Prime Time for Real-Time Report de ACI Worldwide.

En América Latina el fenómeno es incluso más evidente. Según el Banco Mundial, los pagos inmediatos están impulsando el crecimiento de los pagos digitales en la región. En 2024 representaron el 45% del volumen de pagos digitales, frente a apenas 2% en 2017, superando por primera vez a las tarjetas. En ese mismo periodo, el número de transacciones inmediatas se multiplicó por 130, pasando de 620 millones a 79.8 mil millones.

Estos datos apuntan a una realidad clara: no estamos ante una sustitución de métodos de pago, sino ante la coexistencia de múltiples rieles operando a escala, cada uno con su propia economía, niveles de riesgo, protecciones y exigencias operativas. Hoy, en América Latina, los métodos de pago digitales y electrónicos ya representan el 60% del gasto total de consumo, según PCMI.

Trabajo semanalmente con bancos y comercios que viven esta complejidad en primera línea. Y el problema rara vez es un método de pago específico. El verdadero desafío está en operar todos los rieles al mismo tiempo sin duplicar controles, fragmentar la experiencia del cliente ni perder visibilidad del riesgo entre sistemas, algo que frecuentemente termina incrementando el fraude y los rechazos innecesarios.

Los bancos necesitan que tarjetas y pagos en tiempo real funcionen bajo un mismo conjunto de decisiones y controles, no como programas aislados. Los comercios necesitan plataformas de aceptación capaces de adaptarse a nuevos métodos de pago y a cambios en las estructuras de costos sin tener que reconstruir su operación cada vez que el mercado evoluciona.

Las tarjetas no van a desaparecer. Están evolucionando hacia credenciales más inteligentes y portátiles, integradas en billeteras digitales, dispositivos y experiencias de comercio embebido. Para tener dimensión del peso que aún tienen, basta un ejemplo: en Chile, durante 2025 se realizaron 7,100 millones de transacciones digitales bancarias, entre tarjetas de débito, crédito y transferencias electrónicas, según la Asociación de Bancos (ABIF). Solo las tarjetas de débito concentraron 4,600 millones de operaciones, consolidándose como el medio más utilizado. Aunque el 43% de los latinoamericanos ya cuenta con una billetera electrónica, en Chile la preferencia sigue orientada a la tarjeta física.

En paralelo, los pagos en tiempo real de cuenta a cuenta se han convertido en infraestructura crítica, no en un experimento. En Argentina, Brasil, Bolivia, Paraguay y Perú, los pagos inmediatos representaron más del 40% del volumen de pagos digitales en 2024, de acuerdo con el informe del Banco Mundial Impulsando la Transformación e Inclusión Digital, publicado en noviembre de 2025.

Las instituciones que tendrán éxito no serán las que elijan un riel “ganador”, sino aquellas que dejen de tratar estos sistemas como competidores y comiencen a operarlos como una sola operación conectada.

La integración de los distintos sistemas es una decisión de arquitectura, no de filosofía. Requiere una capacidad centralizada de toma de decisiones, controles compartidos entre todos los tipos de pago y visibilidad completa para actuar en tiempo real sobre todo el ecosistema. Sin este cambio, las instituciones seguirán absorbiendo pérdidas por fraude evitable, costos operativos duplicados y fricción innecesaria con el cliente, todo lo cual erosiona la confianza.

El futuro de los pagos no se gana sumando complejidad, sino simplificando la operación y ejecutándola con control, en tiempo real y a escala.